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¿Más inflación y menos crecimiento?
Entre los pronósticos económicos que han fallado están ese que anticipaba una burbuja inflacionaria breve a principios del 2021 y aquel que anticipaba que, como consecuencia de la medicina monetaria restrictiva, este 2023 terminaría con una recesión económica en Estados Unidos.
En aquel país la inflación alta ha sido persistente hasta este momento y si bien se disipó la posibilidad de una caída del Producto Interno Bruto hasta el lado negativo, sí hay muestras de que el cierre de este año puede ser menos terso de lo que habíamos visto hasta el final de la primavera.
Y está claro que la suerte de la economía estadounidense es el destino de economías como la mexicana.
Prende los focos de alerta que se ha interrumpido el ritmo de baja en la inflación general, el Índice de Precios al Consumidor ha tenido dos meses de rebote.
Todo era felicidad cuando la inflación de 9% en junio del 2022 había bajado hasta 3% en junio de este año.
Pero a partir de ahí, en julio tuvo un rebote a 3.2% y en agosto pasado subió el Índice de Precios al Consumidor hasta 3.7% y este último incremento tuvo mucho que ver con el aumento en el precio de las gasolinas, que en el mercado de futuros reportan un aumento anual de 12 por ciento.
En Estados Unidos no se publican los resultados inflacionarios quincenales, pero al menos durante las dos primeras semanas de este mes se mantuvo el incremento en el costo de estos combustibles y esto afecta el proceso de desinflación y el ánimo de los estadounidenses, que tienen entre sus objetos básicos de consumo llenar los tanques de sus automóviles.
El índice de confianza de los consumidores que elabora The Conference Board tuvo este mes su segunda baja consecutiva hasta un nivel que no se veía tan bajo desde hace cuatro meses.
Las expectativas de los compradores se vieron afectadas por los precios de las gasolinas y por el aumento que mantienen los precios de los alimentos. Pero también los altera el nivel que tienen las tasas de interés y hasta las cuestiones políticas.
En la política cuenta no solo ver como acecha la sombra de Donald Trump y la edad de Joe Biden, sino cómo la falta de acuerdos entre demócratas y republicanos puede implicar hasta una parálisis gubernamental.
Y, evidentemente, con una interrupción tan marcada en el proceso desinflacionario se hacen más creíbles las amenazas de la Reserva Federal de no haber terminado aún con los incrementos en las tasas de interés.
Todo este conjunto de datos que ha traído el inicio del otoño adelanta que el cierre del año podría traer tasas más altas, ante una inflación que se resiste a descender y una baja en la actividad económica.
Ya son pocos los que anticipan una recesión este año, pero ya son más los que calculan que el cierre del año puede ser no tan dinámico y sí con índices inflacionarios resistentes a mostrar una más pronta desaceleración.
Y como ya sabemos del catarro en el norte y la pulmonía acá en el sur, más valdría poner atención al cambio en las señales antes de complicarnos más el panorama con decisiones arrebatadas e irresponsables en la discusión presupuestal.