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Trump y los aranceles
Ayer fue el gran liberation day. Trump anunció una serie de aranceles generalizados y recíprocos para casi todos los países, sin mencionar a México y Canadá. Empieza a vislumbrarse un nuevo orden de comercio mundial.
No hay economista serio que no concuerde en que los aranceles, al menos a corto plazo, serán inflacionarios y en detrimento del consumidor americano. Pero un comentario del secretario del Tesoro Bessent ha generado una lectura diferente, que, de materializarse, podría beneficiar el comercio global.
La obsesión del equipo de Trump con los déficits proviene de una ideología mercantilista que ve al comercio mundial como un juego de suma cero, donde la ganancia de uno es la pérdida de otro. Para ser claros, esta visión no dista mucho de la adoptada por los Estados desarrolladores asiáticos, que han sido altamente exitosos en los últimos 50 años.
Pero el trasfondo económico son los “desbalances globales”, sobre los cuales diversos economistas han advertido desde hace décadas. En concreto, EU tiene un déficit de cuenta corriente gigantesco, que a su vez es compensado por superávits de países como China, Japón y Alemania. Estos países se ven obligados a poner sus dólares en alguna parte y terminan comprando grandes cantidades de bonos del Tesoro. Esto no solo ha permitido financiar los déficits fiscales de EU, sino también subsidiar el consumo de más de 300 millones de estadounidenses, que acceden a bienes y servicios más baratos, aunque en detrimento de la base manufacturera en algunos sectores.
La causalidad es difícil de definir, si el déficit de cuenta corriente de EU y superávit de la cuenta de capital se deben al superávit de cuenta corriente de otras naciones o viceversa. Lo cierto es que desde hace tiempo esta dinámica se ha considerado insostenible para ambas partes.
Más allá de las cuentas macroeconómicas, a nivel micro existen datos que legitiman la postura trumpista. Por ejemplo, antes del anuncio de ayer, EU aplicaba aranceles de 2.5% a automóviles (excepto para México, Canadá y Corea del Sur), mientras que la UE impone 10% acompañado de barreras no arancelarias, China 15%, India entre 60% y 100%, Brasil 35% y Japón 0%, pero con barreras no arancelarias.
En este contexto, el comentario de Bessent cobra más relevancia. En una reunión con legisladores, dijo que los aranceles recíprocos son el techo y no el piso de los aranceles. Esto implicaría que, para tener acceso al mercado americano —por mucho el más grande del mundo— los países deberían abrir sus barreras arancelarias o no, a los productos de EU. En los días previos al anuncio de Trump, países como Israel, Vietnam, Canadá e India anunciaron que evaluarían retirar sus aranceles con el fin de no ser sujetos a los aranceles recíprocos. De materializarse y expandirse esta tendencia, sería la mayor liberación del comercio internacional, logrando lo que ninguna ronda de la OMC ha podido. Las medidas proteccionistas de Trump podrían abrir aún más los países al comercio global.
Por ahora, la reacción de los mercados tras el anuncio ha sido muy negativa. No cabe duda de que, a corto plazo, la economía y los consumidores americanos sufrirán. La gran interrogante es si, a mediano o largo plazo, estas políticas puedan generar resultados similares a los asiáticos —que crearon potencias manufactureras a partir de proteccionismo y otras medidas— en la economía más grande del mundo. Lo que es un hecho es que hemos entrado a una nueva etapa del orden comercial global que conocíamos.