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La CNTE obtiene sus exigencias a la mala… y así es la señal de política

La CNTE ha usado protestas para presionar al gobierno, logrando concesiones significativas. La reciente retirada de la reforma al ISSSTE demuestra la vulnerabilidad del Estado ante sus demandas, incentivando más exigencias y debilitando el estado de derecho.

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OpiniónEl Economista

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha sido sumamente beligerante desde su comienzo. Como “luchadores sociales”, tradicionalmente han chantajeado al gobierno federal y a otras autoridades.

En el gobierno de López lograron varias “conquistas” —no siempre exclusivas de la CNTE— como la desaparición del Instituto Nacional de Evaluación de la Educación y la abrogación de la reforma educativa de 2013, que privilegiaba la evaluación y el mérito en la carrera de los docentes. Algunas de sus secciones incluso apoyaron explícitamente la candidatura de AMLO desde 2018.

No obstante, con el paso del tiempo exigieron otras concesiones —federalización de la nómina, mejoras laborales, etc.— que, según ellos, no fueron atendidas por el gobierno.

Como es tradicional, al acercarse el Día del Maestro, cuando se anuncia el paquete salarial para los maestros de las escuelas públicas, los de la CNTE se rebelaron yendo a huelga virtual, con protestas que paralizaron gravemente la CDMX, para exigir el retiro de la iniciativa de reforma a la Ley del ISSSTE presentada por la presidenta Sheinbaum. Esta cedió y eso tiene varias implicaciones.

Una, se demostró que Morena, con todo y sus súper mayorías legislativas, no lo puede todo, pero de la peor manera. Ahora resulta que su límite (o “contrapeso”) no es el Estado de derecho, ni los poderes de la Unión, ni las opiniones de expertos reconocidos, sino un grupo rijoso que a todas luces delinque ante la ley repetidamente.

Dos, es un precedente negativo para el Estado. Aunque ello ha ocurrido en otros gobiernos, normalmente la aquiescencia a la CNTE era a cambio de atender las demandas en mayor o menor medida, pero enfriando las protestas. Ahora, después de ceder, el gobierno enfrenta nuevas exigencias de la CNTE, de mayor alcance y con implicaciones potencialmente dañinas para el país.

La misma Sheinbaum recalcó, con razón, que su iniciativa no afectaba los intereses de la CNTE. En efecto, su iniciativa buscaba una mayor contribución al seguro de salud de los empleados de mayores ingresos a fin de fortalecer las finanzas del ISSSTE, que son precarias. Pero, entonces, ¿por qué la retiró? Todo indica que lo hizo para evitar un conflicto violento con ese grupo, cuyo apoyo valora mucho políticamente y que ahora puede perder si se niega a acceder a las nuevas exigencias.

Tercera, si el gobierno vuelve a ceder en la situación actual, las consecuencias serían extraordinariamente costosas para el erario en el futuro, añadiendo a las ya amenazantes y enormes presiones fiscales. Ahora la CNTE exige la derogación total de la reforma de 2007, que incluyó el cambio de un sistema de jubilación de reparto —con el que el instituto pronto terminaría en la quiebra— por uno de cuentas individuales que apunta a la sostenibilidad.

En cuarto lugar, lo más importante: la señal es clara. La manera de obtener algo del gobierno es por las malas. Con perjuicio a la sociedad, empresas y personas, y a la actividad económica. Violando la ley y debilitando aún más el Estado de derecho, de por sí ya frágil y vulnerable, y un lastre para la economía.

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