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Opinión

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La encrucijada

Ismael “El Mayo” Zambada, uno de los líderes indiscutibles del narcotráfico internacional, alza la voz para solicitar el apoyo del gobierno mexicano y conseguir su repatriación, justo cuando la relación bilateral entre México y Estados Unidos se encuentra en su punto más álgido,

La solicitud de repatriación de “El Mayo” Zambada pone a la Presidenta Claudia Sheinbaum en una encrucijada, no solo legal y diplomática, sino también política. Cualquier decisión que se tome tendrá profundas repercusiones.

Hay tres elementos básicos en esta historia.

Uno. El fentanilo es una droga sintética que ha generado una severa crisis de salud pública y una oleada de muertes por sobredosis en la Unión Americana. Una amenaza mortal 50 veces más potente que la heroína, que ha cobrado la vida de más de 270 mil personas entre 2019 y 2023.

Dos. Desde el principio de su segundo mandato, el presidente Donald Trump encabeza una guerra sin cuartel contra el fentanilo y ha colocado la etiqueta de terroristas a algunas de las organizaciones mexicanas de narcotraficantes. Incluso, se han registrado amenazas directas de intervención estadounidense, en territorio mexicano, para desmantelar dichos cárteles.

Tres. En julio de 2024, “El Mayo” Zambada fue detenido en El Paso, Texas, al llegar en una aeronave junto a Joaquín Guzmán López, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Zambada acusó haber sido “emboscado” y “secuestrado” por Guzmán López.

Es obvio que, en este contexto, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se encuentra atrapada en una encrucijada. Por un lado, acceder a la repatriación de Zambada podría interpretarse como un gesto de protección al crimen organizado, una señal que el presidente Trump podría utilizar para afirmar que el gobierno mexicano protege a los capos de la droga y está coludido con ellos. Esta percepción podría avivar más recriminaciones internacionales y dañar irreparablemente la imagen del gobierno mexicano.

Por otro lado, rechazar la solicitud de Zambada podría ser interpretado como una autorización tácita a la intervención extranjera, abriendo potencialmente las puertas a acciones unilaterales por parte de Estados Unidos en territorio mexicano. Este escenario no sólo atentaría contra la soberanía mexicana, sino que también podría desencadenar un descontento interno, especialmente entre aquellos que ven en Sheinbaum como un baluarte de independencia nacional frente a presiones externas.

A esta ecuación se suma un ingrediente polémico: la posibilidad de que la carta de Ismael Zambada no sea una petición de ayuda porque teme la pena de muerte, sino un mensaje oculto con la advertencia de revelar las conexiones de su grupo criminal con los políticos que han sido sus cómplices y protectores durante décadas. “El Mayo” permanece preso en una cárcel en Nueva York y la mera sugerencia de tales revelaciones podría causar un sismo político y diplomático.

El panorama no es alentador y exige un manejo diplomático cuidadoso y estratégico. La presidenta Sheinbaum debe equilibrar la firmeza ante los grupos criminales, proteger la soberanía nacional y, al mismo tiempo, mantener un diálogo abierto y constructivo con Estados Unidos.

Sólo así será posible evitar que el caso de Zambada escale a una crisis diplomática mayor, preservando la cooperación bilateral y la continuidad del diálogo, condiciones vitales para la seguridad nacional e internacional.

Reportera y conductora de @ADN40 corresponsal, escritora Hannia Novell a las 5 Radio 105.3 FM columnista de PoliticoMX, EjeCentral y El Economista.

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