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¿Comida chatarra, lunes negro?
Inició en México una fuerte batalla por la salud.
Se enfrentan el gobierno y la poderosa industria de los alimentos chatarra.
Por la vía de la prohibición, el gobierno de México comenzó una campaña para erradicar la comida “chatarra” o industrializada en las escuelas del país.
Las escuelas mexicanas han sido el terreno fértil no sólo para el consumo de refrescos, papas, chicharrones, dulces y toda clase de productos que, acusan las autoridades, son las responsables de que México esté entre los primeros lugares en el ranking mundial de obesidad en adultos y niños.
Las aulas y los alumnos se han convertido en “ambientes obesogénicos” que mantienen cautivos a millones de niños, adolescentes y adultos.
Con su presencia y una poderosa maquinaria de mercadotecnia, las empresas del sector inducen malos hábitos alimenticios, los reproducen y mantienen desde los primeros años de vida.
El gobierno busca cortar de tajo ese círculo perverso de malos hábitos alimenticios y el creciente número de obesos y enfermos en los hospitales.
Y como consecuencia, pretende reducir el ascendente costo en salud pública.
Las empresas, por su parte, intentan evitar ser estigmatizadas, se deslindan del problema de salud y destacan el positivo impacto de sus negocios en la economía, la creación de empleos y la proveeduría de productos del campo con la que se abastecen.
Es el segundo intento que realiza un gobierno mexicano, de una misma guerra.
El primero fue hace 14 años, y no tuvo éxito porque el espíritu prohibicionista volvió a confiar en la voluntad de las empresas del sector.
Como ocurrió con muchos otros intentos previos, en los que se basaron distintos esfuerzos para avanzar en el propósito, basados en la autorregulación de las empresas.
Luego vino el etiquetado frontal de alimentos y bebidas con cinco distintos sellos de advertencia en forma de octágono, que desplazó a aquellos que venía utilizando la industria, tan complicados como inútiles.
Y ahora, viene esta nueva campaña contra la comida chatarra.
Aunque formalmente entró en vigor el pasado 29 de marzo –al ser sábado y día de descanso para la mayoría de las aulas–, inició, de hecho, este lunes 31 de marzo.
Hoy es lunes negro para las corporaciones de comida chatarra en México, escribió en su cuenta de X, el director del Centro de Investigación en Nutrición y Salud del INSP, el doctor Simón Barquera, uno de los más activos y aguerridos promotores de las acciones gubernamentales en contra de los alimentos ultraprocesados, hechos en fábricas, con productos nocivos para la salud como azúcar, grasas trans, gran cantidad de sal y otros productos de los que se desconocen sus impactos a largo plazo en la salud.
No es la solución, admite, pero es parte de una estrategia, que debe seguir el ejemplo de Brasil, en cuyas escuelas solo se permiten alimentos producidos localmente y de temporada y tiene niveles de obesidad menores a los que tiene México.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Alimentación, hay 5.7 millones de estudiantes entre cinco y 11 años que tienen obesidad o sobrepeso, y 10.4 millones de estudiantes entre los 12 y 19 años, afirma el secretario de Educación Pública, Mario Delgado.
La diferencia de esta campaña con la de hace 14 años, es que ahora fue modificada la Ley General de Educación y se incluyen sanciones administrativas para los centros escolares que incumplan con estas disposiciones, que van desde multas hasta posibles suspensiones temporales de operación.
Aunque hay mucho escepticismo e incredulidad en distintos sectores de la población mexicana, respecto de esta iniciativa prohibicionista, lo cierto es que es la primera vez que se intenta algo tan radical.
Es tan rotunda la medida que la apreciación mayoritaria es que la prohibición no estará vigente por mucho tiempo.
Lo que también es una realidad es que la obesidad en la población mexicana alcanza grado de epidemia y es muy grave por el número de personas con graves problemas de salud y por el costo económico para las instituciones del sector salud.
Seguramente tardará mucho tiempo en erradicar tan malos hábitos alimenticios.
Veremos cómo termina este esfuerzo gubernamental que no tiene precedente.
Atisbos
La presidenta Claudia Sheinbaum, dijo que los programas sociales serán la salvación del pueblo de México, ante la amenaza de nuevos aranceles por parte del gobierno de Donald Trump.
Confió en que los más de 800,000 millones de pesos que se reparten entre los mexicanos a través de programas sociales mantendrán el consumo.
Es cierto que el reparto de dinero ha mejorado la condición económica de millones de mexicanos. Pero también es cierto, que de acuerdo con cifras de Inegi, el consumo se estancó en enero y se prevé una caída 0.1% en febrero.
Las cifras oficiales denotan que, en el primer trimestre del año, el consumo privado se desaceleró, frente a la incertidumbre por la inflación, bajo crecimiento, bajo empleo y menores tasas de interés.