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Opinión

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La Cultura de la Paz, mediación para evitar colapso judicial

“Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa.” Montesquieu

Hace poco más de seis años se publicó la primera entrega semanal de esta columna en la que nos hemos propuesto comentar y analizar algunos de los muy diversos aspectos, tanto a nivel nacional como internacional, que fortalecen o debilitan la cultura de la paz y que irremediablemente se relacionan con la economía, las finanzas y la política, principales materias que se analizan y comentan en EL ECONOMISTA.

Gracias a nuestra casa editorial hemos tenido la oportunidad de contribuir en la difusión de la mediación, mecanismo pacífico de solución de controversias, que está intrínsecamente relacionada con la cultura de la paz.

Hemos descrito y analizado su evolución, sus avances, las vicisitudes a las que se enfrenta y sus retrocesos en México. Se ha explicado qué es y para qué sirve y, de esa forma, nos proponemos contribuir a su mayor y mejor aprovechamiento de tal suerte que, con la mediación, se procure una disminución del nivel de conflicto y aumente la convivencia armónica del tejido social.

Nuestro propósito es continuar con esta tarea de difusión semanal y seguir participando en la construcción de un sólido sistema mexicano de mediación.

En la vida de muchas personas, comunidades, tejidos sociales y países, es frecuente que los conflictos o controversias se transformen en realidades aparentemente insuperables con los que nos acostumbramos a convivir en vez de superarlos.

La solución pacífica de conflictos legales propicia el orden y la armonía sociales y descansa, por un lado, en la presencia de juzgadores preparados, respetados y confiables, así como por la existencia de mecanismos alternativos de solución de controversias como es el caso de la mediación, aunque todavía de manera incipiente.

Un creciente cúmulo de conflictos o controversias legales precisan de un tratamiento distinto al del proceso judicial. Los mecanismos pacíficos de solución de controversias, especialmente la mediación, ofrecen esa alternativa.

A lo largo de los últimos años y en pleno tercer milenio, somos protagonistas y testigos de la proliferación de la violencia en todas sus expresiones en el mundo. En México, lejos de ser una excepción, padecemos un inaceptable y creciente nivel de violencia y un alarmante aumento de personas desaparecidas que el oficialismo está obsesionado en minimizar y descalificar.

En la mayoría de las naciones los esquemas de justicia tradicional han sido rebasados por el crecimiento demográfico, el proceso de globalización, el alto grado de complejidad de los asuntos que se ventilan en los tribunales y juzgados, así como por la creciente pobreza y marginación que está ya presente en prácticamente todos los rincones del planeta.

En México, además, se impuso una polémica reforma judicial con el pretexto de acabar con la corrupción y para elegir a ministros, magistrados y jueces, con esa reforma se desechará la carrera judicial. Proceso de selección que, según la inquilina de Palacio Nacional, demostrará que nuestro país “… es el país más democrático de todo el mundo." Sin embargo, es claro que esa reforma obedece a la revancha o venganza derivada de la frustración provocada por la determinación de inconstitucionalidad, por la Suprema Corte, de diversas disposiciones que los incondicionales legisladores oficialistas del exmandatario aprobaron a ciegas.

La implantación de la reforma judicial se ha visto obstaculizada, entre otras cosas, por improvisaciones y falta de dinero para organizar los procesos electorales federal y locales, lo que la pone en riesgo.

Sin embargo, si la reforma judicial –efectivamente- tuvo como uno de los principales motores la democratización de la justicia es indispensable aprovechar la mediación como la mejor y más democrática vía de acceso a la justicia. Sobre todo teniendo en cuenta que al culminar los procesos de selección de nuevos juzgadores, tanto a nivel federal como local, se presentarán sendas fases de adaptación y aprendizaje que provocarán una reducción, al menos temporal, en la capacidad, oportunidad y eficiencia en la administración de justicia, que se traducirá en mayores tiempos para la atención, la respuesta y la resolución de casos, lo cual afectará directamente a los particulares mientras se recupera el ritmo de trabajo en los tribunales y los juzgados.

La reconfiguración de la administración de justicia podrá tomar varios años en implantarse, en funcionar y en consolidarse.

El acceso a la justicia, que no sólo significa administración de justicia, puede y debe fortalecerse con la expansión y la consolidación de la mediación y de los demás mecanismos alternativos de solución de controversias para evitar el colapso de los poderes judiciales. A pesar de su intencional degradación en la Ley General de Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias (LGMASC), con la mediación es posible contar con la mejor alternativa de acceso a la justicia y aprovechar las ventajas sobre los procedimientos judiciales formales al evitar los efectos adversos de los litigios tradicionales como son la demora, los gastos y el desgaste emocional.

La mediación estuvo oculta en su verdadera esencia que supone su vertiente extraprocesal por varias razones, entre ellas, porque resulta difícil aceptar la flexibilidad en un mundo rígido sometido a procedimientos que se sujetan a plazos y términos. En esa línea la LGMASC, en vigor desde enero del 2024, ha lastimado la mediación y borrado del mapa al mediador, por lo que sostenemos que es sumamente urgente su revisión y depuración para superar los defectos de los que adolece, así como para fortalecer la reforma judicial.

Lamentablemente para la Ciudad de México y otras entidades, la aplicación de la LGMASC significa un grave retroceso respecto de la mediación, particularmente de la mediación privada.

La mediación es un movimiento humanizador y democratizante que impulsa la cultura de la paz, es un catalizador para que el acceso efectivo a la justicia sea una realidad.

Por ello -insistimos- debe aprovecharse decididamente ya que puede ser el factor que evite el colapso de los poderes judiciales.

*El autor es abogado, negociador y mediador

X: @Phmergoldd

Contacto: mediador.negociador@gmail.com

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