Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

El incomprensible objetivo de Trump

Gerardo Flores Ramírez / Ímpetu Económico

Gerardo Flores Ramírez / Ímpetu EconómicoEl Economista

El mundo lleva ya varias semanas con la confirmación de que nos aproximamos a un cambio profundo en las relaciones económicas entre países. Hemos tenido frente a nosotros los claros indicios de ello, específicamente desde que Donald Trump asumió el cargo de presidente de los Estados Unidos por segunda ocasión. Sin embargo, parecería que igual que ocurrió al inicio de su primer mandato, una gran cantidad de inversionistas descartaba que fuera a cumplir cabalmente sus amenazas de imponer fuertes aranceles a las importaciones de sus principales socios comerciales.

A un día de que anuncie su decisión final sobre el nivel de los aranceles que impondrá y para qué países y sectores del comercio, todo apunta a que no piensa retroceder, y que, lo que todos quienes hemos estudiado la ciencia económica de forma seria hemos considerado como una política irracional, se convertirá en la política económica central del gobierno de los Estados Unidos, desmantelando con ello un andamiaje de acuerdos, reglas e instituciones creados para impulsar el libre comercio internacional, que permitieron generar horizontes de planeación con un buen grado de certidumbre a gobiernos y empresas a nivel global, gracias a décadas de un esfuerzo cooperativo entre países.

Contrario a la retórica del gobierno de Trump, un arancel es en los hechos un impuesto, y como con cualquier impuesto, es importante saber quién absorberá la carga del mismo. Por ejemplo, se ha demostrado que prácticamente la totalidad de los ingresos adicionales que obtuvo en 2018 el gobierno de EUA por los nuevos aranceles fue pagado por los consumidores y las empresas de ese país, no por las empresas de los países de los que se originaron las exportaciones que llegaron a EUA. En ese año, los consumidores y los importadores de EUA transfirieron al gobierno 12,300 millones de dólares en forma de ingresos por concepto de pago de los aranceles sobre los bienes importados. A ese monto, hay que agregar casi 7,000 millones de dólares que corresponden a la pérdida en eficiencia por las distorsiones provocadas sobre las decisiones de producción de las empresas y las decisiones de consumo por parte de las familias. Con el anuncio de mañana, el impacto sería significativamente mayor.

No entraré al detalle de los efectos sobre el mercado laboral, pero también está demostrado que, si bien los aranceles tienden a reflejarse en más empleos en el sector protegido con tales impuestos a la importación, generalmente es mucho mayor la pérdida de empleos en otros sectores de la economía que se ven afectados por los mayores precios que se tienen que pagar como consecuencia de los aranceles. Ese fenómeno también ya se demostró para el primer mandato de Trump.

Frente a este escenario, resulta incompresible no solo económicamente hablando, sino también desde el punto de vista político, porque más pronto que tarde, los consumidores terminarán por enfrentar mayores precios en la mayor parte de los bienes que componen su canasta de consumo mensual. La única forma para Trump para compensar ese escenario desfavorable para los consumidores, sería mediante transferencias directas del gobierno a las familias, pero el costo de ello sería enorme y presionaría aún más las finanzas públicas de los EUA, lo que además generaría impactos considerables en el costo financiero internacional.

Resulta aún más incomprensible la obsesión por regresar a EUA a esa etapa del desarrollo económico en la que el sector manufacturero representaba la mayor proporción del PIB de esa nación en comparación con hoy, que está en una etapa de desarrollo más avanzada, en la que la economía de los servicios y sobre todo, del conocimiento, se traduce en mayores ingresos para las personas, que en el escenario manufacturero al que Trump pretende regresarlos. Simplemente no se entiende que la gente aspire a más empleos en fábricas, que empleos en empresas de software, por ejemplo.

En síntesis, no se ha logrado descifrar qué pretende realmente Trump, porque todo apunta a un retroceso económico y a un costo importante para los consumidores que seguramente se lo cobrarán en las urnas. Algún día sabremos qué intentaba. Mientras tanto, en México pareciera que lejos de prepararnos para ese escenario de mayor incertidumbre global, hemos permitido que la 4T debilite nuestro andamiaje, estamos descobijados.

*El autor es economista.

Temas relacionados

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Noticias Recomendadas

Suscríbete