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A México le hace falta valorar su soberanía sanitaria
Los mexicanos entendemos el significado de la soberanía energética o la soberanía alimentaria, pero no habíamos tenido necesidad de captar lo que significa soberanía sanitaria que implica la garantía de contar con capacidad productiva propia de medicamentos y demás insumos para atender nuestra salud.
Hoy, en medio de una severa y persistente pandemia, y contrario a otros países que vislumbran impulsar la producción de fármacos vitales dentro de su territorio, el gobierno de México está decidido a seguir abriendo fronteras sin límite a los medicamentos de todo el mundo para abastecer las necesidades del sistema nacional de salud, so riesgo de una excesiva dependencia de la proveeduría extranjera.
Ello quedó reafirmado este lunes en la sesión informativa sobre el contrato con UNOPS: La competencia y el ahorro como máximo valor, cuando la experiencia de Covid-19 tendría que generar sensibilidad sobre la importancia de la soberanía en insumos fundamentales. La Cancillería de Marcelo Ebrard no podrá negar que en la búsqueda acelerada de ventiladores y equipos de protección, quienes los obtenían eran los que más pagaban; y para los proveedores de China o India, México no estaba entre los prioritarios. No somos de las economías que más pueden pagar. Por ello es más importante incentivar una capacidad productiva propia de dichos insumos.
Igual de delicado es el hecho de que para ser proveedor de UNOPS no se requiere obtener antes el registro sanitario de Cofepris. Se entiende que las empresas ganadoras del exterior podrán obtener dicho registro una vez que ganen la licitación, pero dados los tiempos tan cortos para la entrega, es obvio que serán registros de lo más expeditos sin mayor verificación sanitaria.
Una condición que debería ponerse, por ejemplo, es que los proveedores ganadores se obliguen a tener responsable sanitario en México para responder en caso de efectos adversos. Está demostrado que ciertas terapias no tienen los mismos efectos entre población latina que entre los asiáticos; ya sea por diferencias genéticas o ambientales, podemos tener absorción diferente de las sustancias. Por eso cada país tiene sus reglas sanitarias. Si no, no tendrían sentido los registros sanitarios en cada nación; sencillamente habría un solo registro para todo el mundo. Pero no.
Un medicamento proveniente, por ejemplo, de Corea, Bangladesh o Turquía, podrá demostrar buenas prácticas de fabricación, pero si no alcanza a demostrar bioequivalencia del genérico y menos estudios clínicos en mexicanos, el riesgo es elevado. ¿Cómo le hará Cofepris ante reacciones severas de un producto extranjero sin haber verificado con calma su calidad? ¿Cómo obligará al productor a rendir cuentas y asumir el costo si no tiene presencia aquí?
Y no estamos exagerando. Ahí está el caso de los medicamentos innovadores, que para entrar a México, deben demostrar entre otras condiciones evidencia de seguridad ejecutando estudios clínicos en un porcentaje representativo de población latina. Son exigencias de suma importancia sanitaria.
Ante esos escenarios, es claro que no se están dimensionando bien los riesgos; ni los sanitarios ni los de destruir la cadena productiva nacional de fármacos. Si se trata de dar el mejor precio, las empresas indias o chinas tienen alta probabilidad de ganar la licitación internacional considerando los subsidios fiscales y apoyos financieros que reciben de sus gobiernos. Aparte, en México hay costos operativos, de energía, salariales y regulatorios más elevados que en otras economías.
Si el gobierno mexicano no lo alcanza a ver; sería importante que la UNOPS como organismo que apoya proyectos de desarrollo de los países, escuche a la farma establecida en México que se siente en terreno disparejo, que ve el riesgo de quedarse fuera de competencia, y verse obligada a disminuir operaciones o cambiar de giro.
Ojalá en el futuro en México no lamentemos el cierre de valiosas empresas. Nos podría suceder lo que ya nos pasó con farmoquímicos: en anteriores décadas fuimos grandes productores de sales para fármacos pero ante una incapacidad para ver el futuro, terminamos destruyendo esa planta productiva y hoy importamos la gran mayoría de sustancias activas que son materia prima para producir medicamentos.
Biometría facial para evitar el contagio
Entre los desafíos de las empresas ante la pandemia, aparte de remontar la crisis económica, está garantizar un lugar seguro para trabajar y reducir los contagios entre empleados. Fue una necesidad detectada por Ricardo Amper, CEO de Incode, un mexicano emprendedor que ha hecho de la biometría facial su herramienta para apoyar a las empresas a tener un regreso saludable. Su plataforma digital de verificación de salud HealthID con grado de seguridad bancario, permite el seguimiento diario del estado de los trabajadores para evaluar y mitigar riesgos de contagio de SARS-CoV-2. Lo hace mediante un conjunto de protocolos -incluidos control de síntomas, temperatura, uso de cubrebocas y desinfección de manos. Basado en lo que recomienda OMS, la Secretaría de Salud y los CDC de Estados Unidos, creó un certificado digital HealthID basado en pruebas de laboratorio clínico para indicar si el individuo es negativo, ha contraído COVID-19 o ha desarrollado anticuerpos.
maribel.coronel@eleconomista.mx