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Viajar como una prioridad de vida
Una de las cosas que más disfruto en la vida es viajar. Conocer otros aromas, otros colores. Los sonidos de un lenguaje distinto, que unas veces endulzan mi oído y otras veces lo ensordecen. Las costumbres de personas que en unas cosas son similares a las mías y en otras son completamente diferentes. Comprender otras maneras de pensar y de entender el mundo.
Aunque casi siempre viajo sin lujos, suelo andar en transporte público (donde se puede) y en hoteles que no son caros, sí estoy dispuesto a pagar por museos y tomarme el tiempo de recorrerlos. Me gusta comer bien y aunque eso no siempre significa restaurantes caros (hay muchísima comida popular barata y excelente en múltiples destinos), sí me gusta ir a buenos lugares. Para mí es parte fundamental de la experiencia.
Cuando puedo, también voy a eventos culturales como ópera o ballet y en algunos casos, cuando se justifica, a espectáculos deportivos (que son muy interesantes, si uno observa más allá del puro juego).
Todo esto no es barato. Cuesta bastante dinero y por lo general termino gastando más de lo que tenía pensado. Pero también siempre que viajo estoy con una sonrisa y cuando finalmente vuelvo a casa, me siento increíblemente satisfecho. Además, siento que entiendo un poquito mejor al mundo y la manera como los seres humanos percibimos las cosas.
Yo no soy de muchas palabras, ni me relaciono fácilmente con desconocidos. Soy más bien observador. Pero mi esposa tiene ese don y gracias a ella he podido conocer a personas fascinantes, escuchar sus historias y contar algunas de las mías.
Eso para mí es invaluable. Viajar me ha dado mucho. Es parte de mis prioridades y es algo que haría más seguido si pudiera (no es mi única prioridad y siempre hay que mantener un equilibrio con todas las demás).
Por eso, en mi plan de gastos, siempre guardo una parte de lo que gano para hacer un viaje en el futuro, aunque aún no tenga decidido el próximo destino ni su duración. Mi esposa y yo hablamos y cuando hay dinero suficiente en esa categoría, pensamos a dónde queremos ir. A veces hacemos un viaje corto, de un fin de semana, pero por lo general buscamos guardar para un destino más lejano o el lugar de nuestros sueños. Todavía no hemos podido ir a Japón, que es un lugar que ella tiene muchas ganas de conocer. Espero que en una fecha no muy lejana tengamos la oportunidad de compartirlo.
Siempre he pensado que una parte muy importante de las finanzas personales es gastar con inteligencia, en cosas que de verdad te aporten, que te hagan una persona más completa, más culta, más conocedora. Un ser humano mejor.
Cuando empecé mi vida laboral, no podía viajar. Cuando me casé tampoco, porque ganaba poco y apenas podía cubrir las necesidades de mi familia. Pero aún entonces, viajar era una prioridad (algunos dirían que un sueño). Otra prioridad era no endeudarme. Tenía claro que quería construir un futuro mejor, uno en el que pudiera viajar. Eso también me impulsó no sólo a manejar mi dinero con cuidado, sino a lograr un crecimiento personal importante, que se extendió al plano profesional. Siempre con una visión.
Mis primeros viajes al extranjero, ya casado, fueron por motivos de trabajo y gracias a ese desarrollo profesional. El segundo que tuve lo pude extender una semana más (usando mis vacaciones) y me llevé a mi esposa (mientras yo trabajaba, ella conocía; en mi semana de vacaciones estábamos juntos).
El dinero, como siempre digo, nunca es un fin en sí mismo. Es simplemente un medio para lograr lo que realmente queremos en la vida. La idea de las finanzas personales no es ahorrar o invertir. Es tener la capacidad de usar el dinero que uno gana para tener una vida mejor, tener más opciones, aprovechar mejor las oportunidades que nos da la vida e, incluso, crearnos las nuestras.